12/05/2026
Hay platos que no necesitan presentación en Ávila: el judión del Barco es uno de ellos. Es un grano grande, mantecoso, que se deshace en la boca casi sin masticar — y por eso aguanta tan bien una cocción larga y un buen acompañamiento de embutido. Esta es la receta de toda la vida, con dos ingredientes que no necesitan más que ellos mismos.
Pon el judión en remojo la noche anterior, con agua abundante — al ser un grano grande, necesita más tiempo que una legumbre normal para hidratarse bien.
Al día siguiente, cuécelo en una olla con agua fría que lo cubra generosamente, junto con la cebolla entera, los ajos y el laurel. Empieza a fuego fuerte hasta que rompa a hervir, y luego baja a fuego lento. Aquí está el secreto: que cueza despacio, sin prisa, durante hora y media o dos horas, según el grano.
A mitad de cocción, añade el chorizo entero. Así suelta su grasa y su color poco a poco en el caldo, en vez de soltarlo todo de golpe si lo trocearas desde el principio. Cuando el judión esté tierno (pruébalo, tiene que deshacerse casi solo), retira el chorizo, córtalo en rodajas y vuelve a incorporarlo al guiso.
Corrige de sal y deja reposar 10 minutos antes de servir — como casi todos los guisos de cuchara, mejora si no se sirve hirviendo.
Si te sobra de un día para otro, mucho mejor: el judión del Barco gana con el reposo. Recaliéntalo despacio, con un chorrito de agua si se ha quedado seco.
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